El cáncer es una de las principales causas de mortalidad en todo el mundo. La OMS calcula que, de no mediar intervención alguna, 84 millones de personas morirán de cáncer entre 2005 y 2015.
Cada 4 de febrero, la OMS apoya a la Unión Internacional contra el Cáncer y promueve medios para aliviar la carga mundial de la enfermedad.
La prevención del cáncer y el aumento de la calidad de vida de los enfermos son temas recurrentes. El tema de este año, «El cáncer también se puede prevenir», se centra en medidas simples que pueden aplicarse a la prevención del cáncer
tales como:
- No fumar;
- Alimentarse de modo saludable
- Realizar ejercicio con regularidad;
- Moderar el consumo de alcohol;
- Protegerse frente a las infecciones cancerígenas.
Cambio
Es sorprendente el miedo que provoca “cambiar”. Por supuesto, nos han educado con el razonamiento de que la estabilidad es sinónimo de madurez, de equilibrio. Dicen que “El que cambia es “inestable”, “inmaduro”, que aun “no ha crecido”, porque el ideal de vida, para la sociedad, es un mundo quieto, un mundo sin fallos” un mundo tranquilo y “estable”.
Vivir en el mismo barrio, habitar la misma casa, permanecer en el mismo colegio, tener la misma pareja, conservar las mismas amistades, ‘durar’ en el mismo trabajo, escoger carrera ‘para toda la vida’, amarrarse a la misma ciudad y al mismo país… todos sinónimos de “estabilidad”. Y ni hablar de las ideas o de las creencias. Son para toda la vida.
Hay que tener los mismos valores, los mismos criterios, la misma mentalidad. Atreverse a innovar es como una ‘locura’ y es más importante permanecer que arriesgar.
Nuestra sociedad valora lo estático, que ‘no produce desorden’, antes de romper esquemas y arriesgarse a que la vida sea diferente. Con acciones cada día, con nuevos retos, con nuevas decisiones que tomar, con nuevos conflictos a los que afrontar. El criterio más básico para cambiar, el más escueto si se quiere, es que lo que hemos vivido, lo que hemos estudiado, lo que nos ha acompañado, donde hemos permanecido, no nos ha producido ni la paz ni la armonía esperadas.
¿Quién dijo? ¿Por qué creer que lo que no sirvió hasta ahora, va a empezar a dar resultados? ¿No sería mejor buscar otra clase de alternativas que al menos nos permitan crear otra clase de circunstancias, de menos apariencia y de mayor contenido y aceptación de la diferencia?
Es el cambio y claro está también el miedo al cambio. ¿Qué escoger? Arriesgarse o permanecer, he allí las alternativas.
Aclarando que muchas de las cosas que esperamos afuera no se encuentran ‘afuera’. En más de una situación el cambio exterior no produce los resultados que anhelamos porque los problemas no son tan sólo geográficos, o de ambiente, o de la persona que nos acompaña, o de la ciudad o del país en el que habitamos. Debo cambiar y arriesgarme, pero también debo manejar internamente la flexibilidad para no apegarme, para fluir, para atreverme. Es el famoso equilibrio: Cambiar pero no desbordarse. Cambiar pero no precipitarse o indigestarse queriendo asumirlo todo a la vez.
Ningún cambio duradero es rápido o instantáneo. Los cambios necesitan cocción. En el cambio no hay horno microondas sino fogón de leña. Todo se cocina a fuego lento.
Porque, así sea impactante, lo que permanece quieto es porque está muerto. Lo único que no acepta cambio es la muerte. Sorprende cómo los seres humanos dicen tanto de su personalidad a través de su necesidad o resistencia a los cambios. Hay personas ‘muertas’ en vida que no se atreven a cambiar ni siquiera la ruta hacia el trabajo, ni lo que comen, ni se arriesgan a vestirse diferente, a mover los muebles de la casa, o a pasar un fin de semana de otra manera. Por eso cuando no se acepta, la resistencia al cambio se convierte en enfermedad.
A las buenas o a las malas, el mundo se mueve y el cambio no consulta. ¡Simplemente se da! O me subo al carrito del cambio o el cambio me atropella. No queda de otra. Prefiero estar en el aldo de los que cambian, de los que se arriesgan a ganar o a perder.
Te deseo
“Deseo que hoy experimentes paz dentro de ti, que confíes, que te encuentras exactamente donde debes estar, que no olvides las posibilidades infinitas que nacen de la confianza en ti misma y en otras/os, que utilices los dones que has recibido y que transmitas a otras/os el amor que se te ha dado. Deseo que estés feliz contigo misma por lo que eres. Deja esta sabiduría asentarse en tus huesos y deja a tu alma cantar, bailar y amar libremente. Está ahí para cada una de nosotras”.